LA TRADICION TAURINA FRANCESA
El Consejo Constitucional francés decidió que las corridas de toros gozaban de absoluta legitimidad en los lugares donde expresaban las tradiciones culturales y populares del pueblo, por lo que allí no debían regir las sanciones por la muerte de animales tipificadas en la legislación penal.  En un diez por ciento del territorio galo se realizan corridas de toros, con todos los ritos de la tauromaquia y la presencia de una afición muy entendida en el arte taurino.
La ciudad de Nimes se encuentra dentro de esa zona taurina, precisamente donde José Tomás –la semana en que tomó su decisión el Consejo-  lidió seis toros y cortó once orejas, dentro del histórico coliseo local, convertido en señorial plaza de toros.
El pronunciamiento del Consejo Constitucional tiene un sentido trascendental para preservar las ferias taurinas como “tradiciones” populares, culturales e históricas, frente a mayorías ciudadanas adversas a las corridas de toros.  Los derechos de las minorías, más aún si son expresiones enraizadas en la conciencia popular e histórica, merecen el respeto de las mayorías.  Así debe entenderse la decisión constitucional francesa.
Frente a las decisiones mayoritarias están los derechos de los individuos y de las minorías.
En Cataluña fue suficiente la decisión legislativa de una mayoría ajustada para que se diera la estocada final a las corridas de toros, a partir del 2012.  Los aficionados a la tauromaquia vienen promoviendo una consulta popular para revertir la abusiva decisión legislativa adoptada por una mayoría de parlamentarios. Ojalá logren su propósito en medio de los recientes debates alrededor de la independencia y la soberanía catalanas.
Una consulta popular promovida por el gobierno socialista, el 2011, les dejó a algunas ciudades ecuatorianas, entre ellas, Quito, la capital taurina del mundo andino, sin corridas de toros completas.  Se prohibió que los toros mueran en la plaza en manos del matador de toros. Lamentablemente, no existen iniciativas para recuperar las corridas de toros en toda su dimensión.
Los alcaldes de Bogotá y San Sebastián, de tendencia socialista el uno y de orientación socio-nacionalista el otro, han anunciado que las plazas de toros municipales no continuaran en arrendamiento o concesión en beneficio de las empresas promotoras de las corridas de toros. 
La lección del Consejo Constitucional francés constituye un mensaje claro para entender que las democracias mayoritarias no son democracias verdaderas cuando desconocen los derechos de las minorías culturales.
En nombre de las democracias mayoritarias –la de la mitad más uno, las de la primera votación minoritaria- se han multiplicado las prohibiciones a los ciudadanos y a los grupos culturalmente heterogéneos. La decisión del Consejo francés es un grito de libertad en un entorno ensombrecido por los dueños de la verdad mayoritaria, aquellos que pontifican por prejuicios, sin autoridad intelectual alguna.
En Ecuador se le ocurrió al gestor de la consulta anti-taurina, el Presidente de la República, decir que para él no había arte en las corridas de toros y que, por ello, era irrelevante si, por decisión mayoritaria, las corridas eran mutiladas, como, en efecto, fueron mutiladas en algunas ciudades ecuatorianas, donde los toros son devueltos a chiqueros para que allí, casi en secreto, sean sacrificados por matarifes y puntilleros.

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