EDGAR TERAN Y SU LEGADO A LA HISTORIA NACIONAL

Más allá de su trayectoria pública como Secretario General de la Administración Pública  y cabeza del Comercio Exterior en el Gobierno de Velasco Ibarra, Ministro de Relaciones Exteriores en el de Febres Cordero, Embajador del Ecuador ante Estados Unidos en el de Durán Ballén y Miembro de la Comisión Negociadora de la Paz con el Perú a finales de la década pasada, Edgar Terán Terán se destacó por la potencia de su inteligencia, su lucidez para interpretar los acontecimientos y la historia, su prodigioso talento para ser siempre coherente con sus principios, su valentía para enfrentar a los enemigos de las libertades, su pasión por el imperio de la ley y, por supuesto, su amor por el Ecuador.
Debió ser el Presidente de la República que le faltó al País. Tuvo la visión para transformar el Ecuador. No fue candidato a esa y a otras dignidades, posiblemente porque advertía que la democracia electoral encerraba una serie de trampas para los mejores.
Ninguno de los que tuvimos el privilegio de participar, en los últimos cinco años, en el grupo de análisis que presidía, imaginó que, repentinamente, pasaría a la eternidad. En las reuniones semanales, con gran vigor y energía, marcaba la línea de pensamiento y acción. Proponía, discutía y replicaba, con implacable lógica. Estaba lleno de vida y de sueños.
Hace poco más de un año fue objeto de una abyecta persecución política por haber dicho, en una radio, que se investigaran los eventuales nexos entre los grupos armados del norte y antiguos miembros del régimen. La Fiscalía le acusó de haber atentado en contra de la seguridad del Estado. Afortunadamente, luego de algunos meses de forcejeo judicial, un juez le sobreseyó y archivó la absurda y tendenciosa acusación.
Un tanto agotado por la intensidad de la persecución, que, inclusive, le obligó a salir, temporalmente, del País, siguió, sin doblegarse,  en la tarea de recuperar, para el Ecuador, las libertades individuales arrebatadas por quienes hoy nos gobiernan.
Edgar Terán recibió homenajes póstumos de quienes menos se imaginaba. En una de las más prestigiosas universidades del País un profesor dedicó su clase a ponerlo como ejemplo de integridad intelectual y sabiduría jurídica. Varios comunicadores radiales suspendieron los noticieros para reconocer la rigurosidad de sus comentarios y a reproducir entrevistas que le habían hecho.
No escribió libros. Su pluma se plasmó en alegatos, laudos, informes y ciertos artículos. Su palabra oral fue la que más eco alcanzó. Fue un orador exquisito, con una capacidad infinita para improvisar, desmenuzar hechos y articular grandes ideas. Deslumbraba a las audiencias a las que se dirigía.
A pesar de ser un jurista eximio y uno de los mejores abogados ecuatorianos en las áreas civil, societaria y tributaria, había sido seducido por el estudio de la historia.  Su elegante y bien nutrida biblioteca personal daba testimonio de su interés por la historia y en, además, por la geopolítica.
Devoto de Juan Pablo Segundo, de quien había recibido una especial dedicatoria, y reverente ante Benedicto, deploraba el debilitamiento de la moral cristiana ante la arremetida del  laicismo  más extremo.
Con Edgar Terán uno jamás se equivocaba ni engañaba, dado que hacía lo que  predicaba y siempre mantenía una sola línea, sin dobleces ni cálculos oportunistas. No conocía el color gris. Era un hombre de posiciones definidas, muy seguro de sí mismo y de lo que proclamaba. 
A inicios del 2007 vaticinó, paso por paso, lo que le esperaba al Ecuador con el advenimiento del socialismo bolivariano. Para desgracia del País, todo lo que dijo se ha cumplido. Tuvo, como gran conocedor de la historia, la clarividencia para observar, en el tiempo, la evolución de un régimen estatista y autoritario, implacable a la hora de subyugar tributariamente a los ciudadanos y de coartar las libertades individuales. Unos le escuchamos y creímos, mientras otros consideraron que eran simples elucubraciones sin fundamento. Transcurridos los años, los incrédulos lamentaron no haberle escuchado y hecho lo que debía hacerse, en su momento, para detener un proceso político orientado a destruir el Estado nacional y la misma identidad ecuatoriana.  
Dejó este mundo cuando todavía estaba con todas sus facultades, por voluntad del Creador. Paz en su tumba.
  
 

One comment

  • D. Cordovez

    By D. Cordovez

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    Luis Fernando, excelente síntesis de la trayectoria de un hombre brillante, que no fue profeta en su tierra por haber sido firme, sincero y frontal en sus apreciaciones y convicciones. Es, como tú dices, el presidente que la urdiembre política le negó al país. Su legado persistirá en quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y apreciar su valía personal y don de gentes.

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