EL UNIVERSO:CABALLEROS HASTA EL FINAL

Una sola declaración bastó para que los directivos del Diario El Universo se elevaran sobre su acusador, quien,  al  tiempo que festejaba la írrita sentencia dictada por dos jueces de la Corte Provincial de Guayaquil, insinuó  que podría perdonarles, si se autoinculpaban como mentirosos.
Los hermanos Pérez  pusieron en duda tal gesto de magnanimidad, pues, el propio acusador había dicho que, para él, la caballerosidad terminó  en la fase de conciliación, ante el juez de instancia, es decir, hace algunos meses.
Ellos, sin embargo, proclamaron que se iban a comportar, hasta el final, como verdaderos caballeros.
La primera señal determinante de tal conducta enaltecedora fue la firme negativa a inculparse y a implorar el perdón del  acusador.  
Bien por ellos, sus familias, sus antepasados y, sobre todo, por la libertad de prensa. Optaron por correr todos los riesgos para que la justicia, a la que tienen derecho, les llegue merecidamente, sin someterse a ningún  reconocimiento oprobioso.
Con esta actitud señorial levantaron la dignidad y el orgullo de los caídos y perseguidos. 
Ser caballero implica seguir, rigurosamente, un código de conducta y de honor, con valentía,  firmeza, lealtad y prudente cortesía. Ni los pusilánimes ni los oportunistas tienen lugar entre los caballeros.
Los hermanos Pérez le han demostrado al País y al mundo que todavía existen  caballeros resueltos a luchar por lo que creen y por lo que legítimamente les pertenece.
Sentenciados, ellos, el editor y el medio de comunicación, a pagar cuarenta millones de dólares y, además, las cuatro personas naturales,  a purgar tres años de prisión, por un delito inexistente en el sistema interamericano,  se han convertido en un ejemplo  de lucha para todos los ecuatorianos que abjuramos de los autoritarismos.
Tienen a todo el poder político en su contra. A nivel judicial, donde se les persigue, no les queda esperanza alguna, con dos sentencias condenatorias consecutivas y un recurso de casación abiertamente cuestionado por la defensa del acusador.
A sabiendas que son  víctimas de un linchamiento judicial, no han claudicado ante el poder, implorándole perdones. Por el contrario, sin temores ni cálculos, han continuado combatiéndolo con fundamentadas denuncias publicadas en las páginas periodísticas.
Cuenta la historia que el Gran Maestro de los Caballeros Templarios, Jacques de Molay, encontrándose, prácticamente, al filo de la muerte, cedió a las presiones de sus inquisidores, a fin de salvar su vida.
Ante las fuertes presiones del proceso penal,  los directivos del Universo han demostrado tanta  templanza y fortaleza como convicciones y principios.
Sigan así. No desmayen en su lucha. Representan, ahora, la línea de conducta de todos aquellos que valoramos las libertades individuales y, entre ellas, la libertad de expresión en su más amplia dimensión.     

One comment

  • Adrian Zabala

    By Adrian Zabala

    Reply

    Como siempre acertado en sus comentarios. Un saludo cordial.

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