IMPUESTOS A LA CARTA

El Gobierno nacional y los gobiernos seccionales no han abandonado la mala costumbre de subir los impuestos anualmente. Para quienes gobiernan el País, tanto a nivel nacional como seccional, salvando poquísimas y honrosas excepciones,  como la decisión del Alcalde guayaquileño de no subir impuestos, se ha convertido en una simple rutina la expropiación anual de una parte de la renta y del patrimonio de los contribuyentes, bajo el sofisma  que “pague más el que más tiene”.
Ya está en vigencia la reforma tributaria que subió el impuesto a la salida de divisas, creó los impuestos “verdes” sobre el patrimonio vehicular y los plásticos, modificó el sistema de exenciones e introdujo un dispositivo letal para el cobro coactivo de deudas no tributarias y, según algunos especialistas, también para el cobro de deudas impositivas. En homenaje a dicha reforma se celebró, hace unos días, el “día de la recaudación” de impuestos, con un amplio despliegue de recaudadores tributarios en ciudades como Cuenca.
En algunos municipios ecuatorianos, bajo el amparo del COOTAD, se activaron importantes incrementos impositivos.
En el Concejo cantonal de Quito se inició la discusión sobre las  revisiones a los impuestos prediales, a los impuestos que gravan la compra y venta de inmuebles, a la contribución por mejoras, a la patente municipal, a la tasa de seguridad y al tributo para financiar obras viales. El Concejo municipal de Ambato, por su parte, modificó el impuesto a las patentes y aprobó un presupuesto con elevados ingresos tributarios para cuyo financiamiento será necesario aumentar, entre otras, las recaudaciones de los impuestos prediales y a la utilidad, así como de las contribuciones por mejoras.
La presión tributaria sobre los contribuyentes ecuatorianos ya bordea el 18%  del PIB, una de las más altas de Latinoamérica, sin contar los tributos seccionales. En otras palabras, los ecuatorianos se encuentran entre aquellos contribuyentes a quienes más les cobra el Estado. Con los últimos incrementos tributarios nacionales y seccionales, la presión tributaria va a ser mayor. Así,  el Gobierno y los municipios dispondrán de más dinero, mientras los contribuyentes verán disminuir su renta y su patrimonio.
Según la estructura impositiva ecuatoriana, quien tiene más no tiene mayores problemas en pagar más impuestos. El rico, al final, sabe que puede pagar, sin irremediables dolencias financieras. En cambio, los ecuatorianos de la clase media (maestros, profesionales, empleados públicos y privados) y los pequeños y medianos empresarios sí tienen serias dificultades para pagar más y nuevos impuestos. Les cuesta, y mucho,  pagar los tributos. Para cumplir sus obligaciones tributarias deben eximirse de vacaciones, dejar de ahorrar e invertir,  prescindir de una serie de gastos cotidianos y familiares y, difícilmente, pueden trasladar costos a terceros.
El multimillonario Warren Buffet dijo que, en Estados Unidos, se debía subir los impuestos a los ultra ricos. Esta aparente demostración de sacrificio tributario escondía una verdad: a él no le hacía mella ninguna elevación impositiva, a menos que le gravaran el ciento por ciento de sus rentas. Por el contrario, a un estadounidense medio, cualquier incremento, sólo en el impuesto a la renta,  le afecta sensiblemente, pues, para pagarlo, sabe que debe ahorrar las ganancias de los dos primeros meses del año. Ello explica porque muchos multimillonarios aplauden a los gobiernos de corte socialista, al tiempo que las clases medias productivas y los pequeños y medianos empresarios suelen alinearse con los conservadores contrarios a los impuestos progresivos.
Los impuestos son necesarios  para sostener un aparato estatal moderado que se ocupe de lo esencial, esto es, de proteger la vida, la propiedad y las libertades individuales de los ciudadanos. Resultan ilegítimos cuando son confiscatorios y, en nombre del pueblo, expropian parte de las rentas y del patrimonio. Ludwing von Mises decía, ante el avance del socialismo “moderado” en países como los europeos y Estados Unidos, lo siguiente: “no es difícil profetizar que un día no demasiado lejano cualquier ingreso que rebase el sueldo del individuo medio será absorbido por el impuesto”.
 Los altos impuestos frenan la formación y acumulación de nuevos capitales, desnaturalizando  la economía de mercado y  deteniendo el progreso técnico y el mejoramiento de la productividad. Tenía razón Mises cuando afirmaba: “en cuanto el capitalista sospecha que el conjunto de los impuestos y la contribución sobre la renta van a absorber el ciento por ciento de sus ingresos, opta por consumir el capital acumulado, evitando que continúe al alcance del fisco”.    
Las elevaciones tributarias tienen límites naturales. ¿Se están rebasando esos límites en el País?.

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